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lunes, 4 de junio de 2012

!Rescatemos la familia!

Por: Lic. Jesús Benigno Pérez González 
La familia es la célula básica de la sociedad, de ahí la importancia de salvaguardar esta vital institución humana. En la familia se reproducen principios, modelos, educación, cultura, etc. Por ello la urgencia de rescatarla del secuestro social en el que se encuentra. Cada vez más devaluada, confusa y endeble; perdida entre debates de género, modelos educativos, formas de religión e incluso roles en el hogar. 

Hemos avanzado notablemente en ciencia, tecnología y en materia de comunicaciones; relativamente en derechos y servicios. Pero hemos retrocedido en detrimento de la familia en principios, valores, cultura, educación y todo aquello que fomenta la unidad e integridad de ésta. Esta situación es de un fuerte impacto en nuestra sociedad. Los índices de delincuencia, criminalidad, violencia, están creciendo alarmantemente: cada vez menos sensibles al dolor ajeno, menos solidarios, dudamos y sospechamos de todos, cuestionamos todo. Una gran cantidad de encuestas consideran que el factor común que incide en cada uno de estos casos, es la ausencia de papá o mamá y/o la falta de consejo o corrección temprana. 

Algunos factores que han contribuido a este secuestro social de la familia, es la pérdida de una moral social y el fomento de una “nueva moralidad”. Hoy las leyes favorecen y regulan la conformación de “otras formas de familia”: aprueban el aborto, otorgan facilidades para el divorcio, la ocupación y el empleo de ambos padres. Algunas de estas cosas, insisto, nos colocan en ventaja: hay mayores ingresos, la posibilidad de adquirir bienes muebles e inmuebles, una mejor calidad de vida (económicamente hablando); pero también hace que la familia pierda relación. Conscientemente en algunos casos, pero en la mayoría inconscientemente, le estamos endosando a terceros la educación y formación de nuestros hijos. 


La televisión con su programación inmoral, carente de ética, manipulada e influenciada, hoy es la niñera número uno. Las reuniones familiares hoy giran en torno a ésta. No hablamos, no conversamos, estamos absortos; en la era de las comunicaciones, incomunicados por lo impersonal de los medios. 

Las guarderías con su personal preparado para atender a nuestros hijos con letras, números y actividades diversas, pero ¿con qué valores?, ¿les proporcionan ellos lo mismo que nosotros les daríamos?. 

Con frecuencia oigo decir a los “viejos” (y yo también ya empiezo a decirlo): ¡cómo han cambiado los tiempos!... antes no eran así las cosas, todos nos saludábamos, nos brindábamos la mano, el pase de cortesía aunque fuéramos extraños; hoy ni a la familia se le puede hacer confianza. Con roles bien definidos papá trabajaba y traía el sustento, mamá hacia su labor en el hogar (y no le parecía machismo), con amor, el momento de la comida era el momento de charla, risas y la pequeña fiesta familiar diaria… etc. 

Nos ufanamos hoy de todo lo que hemos avanzado, nos vanagloriamos de nuestros alcances modernos, y hasta nos burlamos del atraso de las generaciones pasadas, pero el balance general de todo esto nos golpea en la cara y cala hondo en nuestra sociedad. Las mujeres dicen que han ganado espacios, derechos, reconocimiento, “igualdad”. Pero me gustaría escuchar que digan lo que han perdido. 

En el génesis de todas las cosas hay un plan maestro trazado. Dios diseño la familia (hombre-mujer), para que este se reprodujera no solo sexualmente, también en valores y principios que como padres tenían que transmitir a sus hijos (Génisis 2:4-25). 

¿Qué clase de familias y cómo se van a reproducir en nuestra sociedad los homosexuales? y ¿Quién, si no yo como padre, buscaré el bien integral para mis hijos?: ¿los políticos y sus programas de gobierno?, ¡No son suficientes!; ¿el sistema educativo?, ¡No es eficaz!; ¿La célibe iglesia?, ¡por favor, está más que descubierta la corrupción!. 

Es solo en el diseño de Dios que el hombre (ser social), va a encontrar el verdadero propósito para su vida. Por eso se humanó en Jesús para redimirnos. La palabra redención, del griego agorazo , implica el pago de un rescate. Jesucristo pagó el precio de nuestro rescate, es en Él que la familia puede vivir en abundancia, no solo la vida terrenal, sino también una vida eternal (Juan 3:16).